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Juguetes: ni sexistas ni violentos

Los niños son los auténticos protagonistas de esta época del año. Tiempo de vacaciones, regalos y juegos. Para  evitar aquellos de contenido  violento y/o sexista, la Asociación Igualdad y Sociedad, ASIES, ha realizado el siguiente decálogo:

1. Evita clasificar los juguetes por sexo. El juego es libre y espontáneo. No hay juguetes de niños o niñas.

2. Elije los colores, no dejes que ellos te elijan a ti. No hay colores de niños o de niñas, solo etiquetas sociales que limitan la creatividad.

3. Elije juguetes que reflejen la diversidad de cada persona. Somos iguales, somos diferentes.

4. Escoge juguetes seguros, acordes con la edad y libres de prejuicios. Seleccionando bien los juguetes, también estás educando.

5. Elije juguetes que reúnan a niños y niñas cooperando y compartiendo espacios. Les enseñarás a construir un mundo más libre e igualitario.

6. Regala juguetes que ayuden a promover todas las capacidades y habilidades personales de niñas y niños. Hay juguetes tranquilos y otros que requieren más actividad física.

7. Busca juegos y juguetes que potencien la igualdad en la participación y el desarrollo de sentimientos y afectos. Sin diferenciación de niños y niñas.

8. Evita juguetes, juegos y videojuegos violentos. Educa para resolver problemas de forma positiva, constructiva y creativa.

9. Escucha a las niñas y niños, no ignores sus peticiones. Tampoco hay que decirles que sí a todo. La publicidad a veces muestra imágenes y valores distintos de los que queremos enseñarles.

10. Busca libros, juegos, videojuegos y juguetes en los que se nombren y estén presentes niños y niñas.

Con estas claves, ASIES promueve diversas iniciativas de sensibilización como el taller celebrado en la Escuela Infantil Municipal Castillo de Colores del Ayuntamiento de Medina del Campo en Valladolid.

Deseo concedido

Los sueños se hacen realidad con el Árbol de los Deseos. Se trata de una iniciativa  puesta en marcha por el Servicio de Ayuda a Domicilio de Almería, dedicado a ayudar a personas en situación de riesgo, vulnerabilidad o dependencia, que suma más de 1.400 usuarios en esta ciudad.  Todos ellos han tenido la oportunidad de pedir alguno de sus sueños más anhelados y, en total, se han recibido 832 peticiones. Una comisión específica ha sido el jurado encargado de valorar y elegir los dos deseos concedidos.

El primero de ellos en la categoría de personas mayores ha sido para Esperanza González de 93 años. “Podré dar un paseo por Roquetas y Almerimar para después comer en un restaurante, todo con mi hija Mercedes” comparte su deseo. “Ha sido una sorpresa. Mi hija Mercedes es como mi sombra, no nos separamos nunca, tengo cuatro hijas, pero ella me necesita más que las demás, aunque estoy pachucha de salud me apetece mucho que hagamos realidad mi sueño juntas”.

El segundo para Daniel Uivarosán. “Haré un viaje con mi familia en un barco por el mar, que tenga el fondo transparente para ver los peces y la fauna marina” cuenta Daniel. “Va a ser un sueño hecho realidad, me encanta el mar, y quiero disfrutar de esta experiencia junto a mi mujer y mi hijo. Mi hijo sí que va a disfrutar, le encanta el agua, seguro que se tira al mar y sale nadando. Estoy deseando que llegue el día”.

La concesión de deseos a Esperanza y Daniel pone el broche al primer año del Árbol de los deseos, pero este árbol echa raíces y seguirá concediendo peticiones. “La acogida ha sido muy buena y pensamos dar continuidad a la iniciativa” afirma Diego López, responsable de Clece en Almería, empresa adjudicataria del servicio. “Una iniciativa entrañable, que nos permite devolver una pequeña parte de lo que tanto nos aportáis a la sociedad las personas mayores y las que tenéis algún tipo de discapacidad” destaca el alcalde Ramón Fernández-Pacheco.

“Que nadie nos mire por encima del hombro porque rendimos y trabajamos igual de bien que cualquiera”

Las personas con diversidad funcional no tienen más bajas laborales ni su rendimiento es inferior pero sí requieren de puestos de trabajo accesibles y acordes a sus capacidades y que se trabaje en su cualificación. Estas son algunas de las conclusiones extraídas de la jornada organizada por el Grupo Integra en colaboración con la Universidad de Valladolid con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

Promover el acceso al mercado laboral de las personas con diversidad funcional ayuda a que “participen activamente en la sociedad, no tengan que recibir ayuda, a que se empoderen” afirmó Marta Solares de Grupo Integra. Dignificación de la persona, mejora de la calidad de vida, empoderamiento y el cumplimiento de derechos y obligaciones son las máximas que deben guiar la inclusión sociolaboral de estas personas.

Sin embargo, la realidad del mercado laboral muestra un panorama más complejo para este colectivo con tasas de desempleo e inactividad más altas que la población sin discapacidad. ¿Cuáles son los principales puntos en los que actuar para revertir esta situación? “Las políticas de empleo ayudan desde el punto de vista de requerimiento legal pero queda mucho camino por recorrer en el área de la ética y la responsabilidad” apuntó Alberto Pascual García del Centro San Juan de Dios. “Es importante que la diversidad funcional se entienda como un valor añadido y no solo como un cumplimiento legal o como valor económico dentro de la responsabilidad corporativa de algunas empresas” coincidió Daniel Cembrero Masa de Salud Mental Valladolid.

“Ampliar las miras más allá de los visible a nuestros ojos”, “no prejuzgar” y “normalizar” fueron algunas consignas dadas por los expertos participantes en la jornada para romper con los prejuicios que aún subsisten en el ámbito empresarial. “Que nadie nos mire por encima del hombro porque rendimos y trabajamos igual de bien que cualquiera” expresó Ana Belén Ruiz Daza, trabajadora con discapacidad de Grupo Integra.  Prejuicios que se combaten también con datos objetivos que indican que cada euro que se emplea en contratar a personas con discapacidad genera cuatro.

Formación accesible y personalizada

“Lo más importante, uno de los retos, es que se trabaje en educación y cualificación de las personas con discapacidad” para que, por ejemplo, pueda haber directores sentados en sillas de ruedas, destacó Marta Solares. En este sentido “es importante que luchemos por una formación accesible que tenga en cuenta las características personales de cada persona y que permita que cada uno pueda guardar sus tiempos” añadió Daniel Cembrero.

COCEMFE Valladolid, Inserta Empleo y la Federación de Asociaciones Sordas de Castilla y León, incidieron en la necesidad de evitar el encasillamiento de las personas con diversidad funcional en trabajos de baja cualificación impulsando una formación accesible.

Otro de los retos es abogar por el derecho al empleo en igualdad de condiciones sin caer en el proteccionismo o paternalismo. Una cuestión que pasa por revisar las políticas actuales de inclusión y empleo “algo anacrónicas y excesivamente generalistas”. La Ley de Integración Social del Minusválido, la LISMI, data de 1987 y obliga a toda empresa de más de cincuenta trabajadores a tener un 2% de empleos para personas con discapacidad, lo que no siempre se cumple.

 

Educar en derechos

Clece Social celebra el Día Universal de la Infancia y el XXVIII Aniversario de la firma de la Convención de los Derechos del Niño de Naciones  Unidas con las 125 escuelas infantiles gestionadas por Clece a nivel nacional.

Muchos han sido los centros que han llevado a cabo actividades con los niños y sus familias para conmemorar esta fecha. Desde la programación de talleres, a la confección de murales, la realización de manualidades a la participación en carreras populares.

“Pero la educación en derechos no es solo algo puntual sino que forma parte del proyecto educativo que  desarrollan las escuelas durante todo el año. Cubriendo derechos básicos como la alimentación o la higiene y fomentando la igualdad, el juego, el amor y el cariño” afirma Ana Madrigal, responsable de las escuelas infantiles en Madrid. El esfuerzo de los educadores se centra en el desarrollo de sus capacidades, la adquisición de hábitos sanos y el fomento de aficiones, sentimientos, conductas y comportamientos válidos, que ayuden a formar personas con calidad humana, entusiasmadas ante la aventura de aprender y descubrir, alegres, responsables, comprometidas, sensibles y generosas.

Para inculcar estos valores y educar en derechos, “al ser tan pequeños, niños de 0 a 3 años, sobre todo se trabajan actividades en las que se transmite un significado. Actividades que también se comparten con las familias. También en la resolución de conflictos habituales, explicándoles el valor de compartir, de comunicarse en vez de recurrir a la violencia…” explica Ana Madrigal. “La educación es muy importante a estas edades porque es cuando se forja la personalidad básica de los pequeños” resalta.

Mariposas de papel

Las mariposas simbolizan cambio, su vuelo es libre y ligero. Un cambio y una libertad que reclaman las víctimas de violencia de género. Las mujeres acogidas en el Centro de Protección de la Mujer de Valencia han confeccionado con sus manos cientos de mariposas de papel que han decorado la gala de los III Premios Compromiso dedicados a la lucha contra este problema social. Veamos en este vídeo la fragilidad y a la vez la fortaleza de estas supervivientes.

Avanzando hacia la atención centrada en la persona sin sujeciones

Las sujeciones, físicas y químicas, son una forma habitual de intervención en los distintos niveles asistenciales españoles. Su uso se ha argumentado refiriéndose a la protección de la integridad de la persona que tiene, entre otros, un problema postural o conductual, con el fin de evitar así daños mayores. Sin embargo, esta visión del cuidado en la que el profesional, con el objetivo de proteger, hace omisión de los derechos de dignidad y autonomía de la persona cuidada ha cambiado actualmente, de manera que nos movemos hacia la instalación en la sociedad de una Cultura de Cuidado basada en los derechos de las personas, no empleando o tendiendo a no emplear sujeciones y garantizando su bienestar e integridad. Asimismo, aparte de avanzar desde el paternalismo reinante en el cuidado hacia la autonomía de la persona, el nuevo Modelo de Cuidado se centra en ella, en sus necesidades, preferencias, deseos y demás aspectos personales, para ofrecer una atención totalmente individualizada y personalizada.

Las organizaciones actuales se construyen y trabajan considerando a las personas el centro de su labor. Por todo ello, en el momento actual ya es una realidad el trabajo de las organizaciones en el modelo de Atención Centrada en la Persona sin Sujeciones (ACP sin Sujeciones). Este Modelo de Cuidado es el horizonte al que nos dirigimos, si bien es cierto que en España es incipiente el número de centros que trabajan de esta manera.

La Fundación Cuidados Dignos lleva desde el año 2010 formando a diversas organizaciones estatales, actualmente más de 200, para la Gestión del Cambio en sus centros, de forma que puedan ofrecer un cuidado más humanizado y personalizado a todas las personas que cuidan, basado en la ACP sin Sujeciones. Para ello, emplea su propia Metodología, la Norma Libera-Care, que persigue el cambio de la Gestión del Cuidado y es aplicable a todos los niveles asistenciales, ya sean sanitarios, sociosanitarios o sociales. Por su parte, Clece trabaja siguiendo el fuerte compromiso de la compañía con las personas y especialmente, con las más vulnerables, como pueden ser las personas mayores o las personas con algún tipo de discapacidad.

De esta manera, Clece vela por el bienestar y la Calidad de Vida de las personas cuidadas, con una atención cercana, personalizada e integral, facilitando un entorno lo más parecido a un “hogar” que se adecue a las necesidades asistenciales y favoreciendo el mantenimiento o la recuperación del máximo grado de autonomía personal.

 

Consecuentemente, la firma de un acuerdo entre Clece y la Fundación Cuidados Dignos para trabajar en la ACP sin Sujeciones en los centros de Clece supone una excelente noticia y un gran reto para ambas organizaciones. Mediante este acuerdo ambas entidades refuerzan su compromiso con el desarrollo del Modelo de Cuidado basado en la Calidad de Vida, en el Cuidado Centrado en la Persona y Sin Sujeciones, a través de la Planificación Estratégica de Formación e Implantación de la Norma Libera-Care en los centros de Clece. Por lo tanto, la Fundación Cuidados Dignos y Clece trabajarán conjuntamente y se comprometerán para que las personas cuidadas vivan en entornos donde ellas sean el centro y donde su individualidad y derechos esenciales como la dignidad y la autonomía sean la base del Modelo de Cuidado, lo que entre otras cosas supone la eliminación del uso de sujeciones.

Como presidenta de la Fundación Cuidados Dignos quiero agradecer a Clece su compromiso con el desarrollo del cuidado sin sujeción en sus centros, y su contribución a la expansión del modelo de cuidado centrado en la persona sin sujeciones a lo largo de todo el país.

 

Niños y niñas, ¿expectativas culturales diferentes?

El objetivo fundamental de la educación debe ser el garantizar que cada niño, independientemente de su sexo, tenga la oportunidad de potenciar los conocimientos, valores y actitudes que posibilitan el desarrollo integral de su personalidad.

Nuestra cultura tiene expectativas diferentes respecto al comportamiento de hombres y mujeres. Se ha argumentado que es algo innato debido a las diferencias biológicas entre ambos sexos. Siendo así, cabría preguntarse: ¿Cómo hay mujeres actualmente que realizan igual o mejor que los hombres las funciones propias de profesiones que la sociedad siempre ha considerado masculinas?, ¿Cómo es posible que muchos hombres desempeñen las tareas domésticas perfectamente sin perder su masculinidad?

Tradicionalmente, el contexto social transmite valores culturales diferentes para los hombres y las mujeres, promoviendo la existencia de funciones o roles distintos. La educación potencia unas capacidades, habilidades y destrezas acordes con cada rol porque tiene lugar en una sociedad que mantiene ciertos principios patriarcales que se transmiten de generación en generación.

Cuando esto ocurre, los niños y las niñas van interiorizando ciertos estereotipos de rasgos de personalidad, y de adultos llegan a asumir comportamientos y valores propios del sexo al que pertenecen. De un hombre se espera autocontrol, estabilidad emocional, agresividad, autoridad, competitividad, capacidades intelectuales para las matemáticas y las ciencias, valentía, aptitud arriesgada, racionalidad, poca expresividad afectiva, etc. El estereotipo de una mujer incluye rasgos como la falta de control, la inestabilidad emocional, la dependencia, la sumisión, la debilidad, la afectividad y la ternura elevadas, la incoherencia, la temerosidad, el menor desarrollo intelectual, etc.

La educación que potencia estos rasgos diferenciados, cuando la realidad actual es muy diferente a la propia de generaciones anteriores, no cumple con su objetivo de formación integral de la personalidad de los niños y niñas, mucho menos con el de garantizar la integración óptima como miembros participativos y responsables de la sociedad. Actualmente, muchas mujeres forman parte del mundo laboral, además de atender a tareas domésticas y educar a los hijos. Esto implica un exceso de funciones que se otorgan a la mujer, o bien la modificación de los roles típicos dentro del hogar. Los hombres comienzan a participar en las tareas domésticas, incluso existen hogares en los que el padre abandona su carrera profesional por un tiempo para dedicarse a la atención y a la educación de los hijos y al cuidado de la casa. De este modo, los hombres desarrollan habilidades y destrezas que la educación recibida no ha estimulado.

Momento de reflexionar

Observando los cambios que suceden en nuestra sociedad, se impone la reflexión sobre la transmisión de roles sexuales que los padres están facilitando al niño. Todos los agentes educativos de la sociedad (el entorno escolar, la relación con amigos y amigas, los medios de comunicación, etc.) influyen en el aprendizaje de los roles sexuales a lo largo de la infancia. No obstante, son ciertos factores del ámbito familiar los de mayor influencia: Las expectativas del padre y la madre respecto al comportamiento de los hijos y las hijas, las ideas de éstos respecto a los roles masculinos y femeninos, el modelo que ofrecen sus propios comportamientos, los estímulos diferentes que les facilitan como los juguetes, los espacios de juegos, las actividades que refuerzan, etc.

Es cierto que existen diferencias entre los niños y las niñas, pero un porcentaje muy elevado son fruto de las expectativas culturales y las aptitudes de las personas significativas de su entorno.

Cuando nace, el ser humano no es consciente de su propia identidad sexual y la irá adquiriendo, progresivamente, a medida que se interrelaciona con su entorno. Los progenitores y el ambiente inmediato del bebé son los primeros agentes que influyen en la construcción de su identidad sexual. Cuando el padre y la madre conocen el sexo del bebé que va a nacer, comienzan los planes, y los preparativos ya estimulan ciertos aspectos sobre la identidad personal del sexo: el nombre, la decoración de su cuarto, la ropita, los juguetes, etc. A partir de ese momento, las expectativas empiezan a formar los estereotipos culturales. Si esperan un varón, predomina el color celeste en la decoración y la ropa, los juguetes representan ciertos animales (caballos, leones, elefantes), coches, teléfonos, etc. En el caso de esperar una niña, se elige el color rosa, en la decoración predominan las flores, los lazos y los volantes, los juguetes guardan relación con el entorno doméstico, abundan las muñecas y animales como patitos y ositos.

Aunque pretendamos educar del mismo modo, hay mensajes implícitos de gran influencia en las relaciones cotidianas: Los comentarios acerca de la ropa, el aspecto físico, la menor permisividad, el estímulo para expresar su afectividad o el refuerzo del buen comportamiento de las niñas; los comentarios acerca de la inteligencia, el aspecto sucio o poco aliñado, la permisividad con los comportamientos agresivos o ridiculizar las expresiones afectivas de los niños.

Los padres y las madres deben reflexionar sobre aspectos de la relación cotidiana con sus hijos e hijas para comprobar si no están transmitiendo expectativas diferentes motivadas por su sexo: ¿Utilizan el mismo tono de voz al dirigirse a ambos?, ¿reaccionan del mismo modo ante las demandas de afecto?, ¿se les pide la misma colaboración en las tareas del hogar?, ¿les riñen por igual?, ¿participan del mismo modo en las tareas de responsabilidad?

Cada hijo o hija tiende a identificarse con el progenitor del mismo sexo, si la relación de apego es adecuada. De manera que intentará imitar sus comportamientos y los que observe en las personas de igual sexo, buscando la aceptación y aprobación parental.

Desde edad muy temprana, desde los juegos

 

 

 

 

 

 

 

Las expectativas de conducta según el sexo se interiorizan desde edad muy temprana. Así, observamos que los niños tienden a jugar de forma más independiente, sus actividades son más competitivas y con mayor derroche de energía física, prefieren compañeros de juego de su mismo sexo y, en el caso de que admitan a alguna niña, le permiten papeles de poco protagonismo. Cuando juegan prefieren actividades que guardan relación con la construcción, la movilidad, la persecución, la lucha y la fuerza; en los juegos imitativos optan por jugar a conducción de coches, guerras, policías y delincuentes, pilotos, bomberos, mecánicos, carpinteros, etc. Este tipo de juegos desarrollan actitudes como la competitividad, el riesgo, la agresividad, la manipulación, la violencia, la habilidad física, la investigación, el protagonismo, etc. Si se estimula y favorece que las niñas dominen este tipo de juegos aumentará el dominio de habilidades necesarias para profesiones que son ocupadas tradicionalmente por los varones, como la investigación, la construcción o la técnica.

Por su parte, las niñas prefieren jugar acompañadas, son colaboradoras, tranquilas, poco competitivas y desarrollan mayor interacción verbal. Optan por juegos más tranquilos y de poca movilidad, que sean rítmicos, repetitivos y de actividad lógica, como la rueda, la comba, botar la pelota, los puzzles, la pintura, y los de imitar acciones relacionadas con las tareas femeninas que van dirigidas a la asunción de la maternidad y al trabajo doméstico (ser mamás, cuidar bebés, hacer comidas, limpiar, etc.). Con estos juegos, las niñas desarrollan actitudes de docilidad, conformismo, cooperación, inhibición, servicio, ritmo y coordinación de movimientos, generosidad, pensamiento lógico, atención y concentración, etc. Cuando se anima a los niños para realizar este tipo de juegos se estimula su capacidad para la asunción de funciones paternas, la valoración del trabajo doméstico y el dominio de habilidades para profesiones como enfermero, maestro, médico, etc.

Históricamente, cualquier sistema social va sufriendo modificaciones lentamente. No obstante, en las últimas décadas, los cambios respecto al rol y las características femeninas han sido grandes y rápidos y, aunque en menor grado, también ha variado el rol masculino. Por lo tanto, la educación que ofrecemos a nuestros hijos debe dar respuesta a estos cambios potenciando actitudes y valores comunes dirigidos al desarrollo integral de la persona, con independencia de su sexo.

Los padres deben potenciar en sus hijos e hijas el equilibrio emocional adecuado, la sólida identidad personal, las capacidades intelectuales, las vivencias y expresiones afectivas, la confianza en sí mismos, el autocontrol y una jerarquía de valores positiva que incluya la objetividad, la intuición, la sinceridad, el esfuerzo, el respeto, la responsabilidad, la valentía, etc. De este modo, niños y niñas formarán parte de una sociedad que considere a todos sus miembros por su valor personal en lugar de hacerlo por pertenecer a uno u otro sexo.

 

350 niños en la piel de personas con discapacidad

Cuando se trabaja la integración desde edades tempranas se trabaja en un futuro más cohesionado y con igualdad de oportunidades para las personas con diversidad funcional. Esto es lo que subyace a la iniciativa denominada “Ponte en mi piel” en la que los niños se ponen en la piel de personas con discapacidad.

Sevilla ha acogido una nueva jornada de esta iniciativa organizada por Clece Social, Fundación Randstad y la FAMS-Cocemfe Sevilla. Más de 350 alumnos de quinto y sexto de Primaria de Sevilla, de entre 10 y 13 años, han entrado en contacto directo con el mundo de la discapacidad y sus dificultades.

Para ello, se han organizado distintas actividades como charlas de sensibilización, baloncesto en silla de ruedas y circuito en silla de ruedas. “El objetivo es que los participantes tomen conciencia y puedan ponerse en la piel de una persona con diversidad funcional. Trabajar con los niños y jóvenes es asegurarte que se normalice la diversidad desde las edades más tempranas, se interioriza de manera natural que hay personas con capacidades diferentes y se neutraliza el rechazo en la edad adulta” explica Daniela Macías, delegada Social de Clece.

 

Como en casa

Un nuevo modelo se ha puesto en marcha en el servicio de atención a las personas mayores usuarios de residencias y centros de día. Se trata de las denominadas unidades de convivencia, que consisten en habilitar, dentro de una gran residencia, espacios más pequeños en los que conviven un número reducido de personas mayores, que reciben una atención más personalizada en zonas comunes adaptadas y siempre con los mismos profesionales de referencia.

Las unidades de convivencia están diseñadas en base a un modelo de hogar y responden a las demandas de las personas mayores que presentan mayor necesidad de ayuda. Las instalaciones integran espacios comunes como cocina y sala de estar y estancias individuales para cada uno de los residentes compuestas normalmente por dormitorio y baño. Suelen tener una capacidad variada, pero suele estar entre las 15 personas.

En nuestro país, estos espacios de atención son todavía escasos pero programas como “En mi casa” puesto en marcha por la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades de Castilla y León persigue su implantación en varias residencias de la Comunidad. Una de ellas es “BañoSalud” en la localidad palentina de Venta de Baños.

Tras meses de duro trabajo, el centro tiene todo listo para abrir Unidades de Convivencia con 16 plazas que cuentan con “una zona común donde realizar las actividades o ver la televisión; una habitación individual o doble, en la que pueden disponer sus objetos personales; y una cocina totalmente equipada en la que pueden comer o tomar algo con la gente que les visita” explica Adelaida Urueña, directora del centro.

“El objetivo es que los usuarios cuenten con todo lo que necesitan e identifiquen el espacio en el que residen con las cosas que tenían en sus hogares y que les gusten” añade.  Muy pronto, los residentes de las nuevas instalaciones de BañoSalud podrán beneficiarse de estas y otras ventajas del nuevo modelo entre las que los expertos coinciden en señalar las siguientes:

  • Vivir en un entorno con dimensiones de “hogar”.
  • Disponer de muebles y elementos decorativos significativos para ellos.
  • Respeto a sus gustos y rutinas.
  • Atención personalizada y estable.
  • Tener un profesional de referencia.
  • Continuar con sus proyectos personales.
  • Establecer lazos de convivencia con las otras personas de la unidad.
  • Compartir con su familia su espacio y su tiempo.

En definitiva, una nueva atención desde la perspectiva de valores éticos como la dignidad y la autodeterminación.

El rol de los abuelos como educadores

Los abuelos son personas fantásticas y mágicas para los niños. Son sabios, cuentan historias que sólo ellos conocen y relatan cuentos maravillosos. Nunca se cansan aunque son mayores. En muchas ocasiones, son los que se encargan de llevar y recoger a los niños del colegio, cuidarlos cuando están enfermos o jugar con ellos en el parque.

Especialmente, en los últimos años, el papel de los abuelos se ha visto incrementado en el seno de la familia. Aunque no son los principales responsables de la educación de los nietos, llegan a adquirir un papel fundamental en ella. Por ello, es importante que existan ciertos límites para que la unión resulte positiva para ambas partes y sea más fuerte.

Los abuelos tienen una influencia directa en el desarrollo de la personalidad de los niños a través de su sabiduría, experiencia, cariño y estabilidad. Además, el beneficio es mutuo, ya que esta interacción tiene beneficios emocionales y ayuda a prevenir el deterioro cognitivo de las personas mayores.

Sin duda, el vínculo entre abuelos y nietos es uno de los más especiales y cuyo recuerdo permanece siempre en sus corazones.