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Mayores

“La vida es aprender”

08/03/2018

Mayores

Por Clece SocialClece Social

La vida de Carmen Lorca está llena de esfuerzo, constancia, trabajo y superación. Comparte con nosotros una vida profesional plena, poco usual en las mujeres de su generación.

Nací en Murcia en 1942 pero con pocos meses mis padres se mudaron a Madrid donde pasé gran parte de mi vida.

Mi madre fue una mujer de bandera. Felizmente casada con mi padre, un buen hombre, trabajó durante toda la vida de forma independiente en su propio taller. De hecho mi primer trabajo fue ayudando a mi madre cuando salía del Liceo. Fue también mi madre quien se empeñó en que estudiase en el Liceo Francés de Madrid a pesar del importante esfuerzo económico para la familia. Fue el inicio perfecto para encontrarme con mi propia ambición personal.

Tras terminar en el Liceo, estudié Técnico Comercial y, más tarde, en la Escuela de Comercio, obtuve el título de Perito Mercantil. Además hablo tres idiomas con total fluidez: español, inglés y francés.

Cuando terminé los estudios empecé a trabajar. Pasé por varias empresas y de todas mantengo  un buen recuerdo.  En todas aprendí algo y siempre me sentí bien considerada por mis jefes, quienes valoraron mi trabajo y dedicación.

Equilibrio entre la vida familiar y laboral 

En 1965 contraje matrimonio y tuve dos hijas. Nunca me planteé abandonar mi carrera profesional ya que para una mujer es importante encontrar el equilibrio entre la vida familiar y laboral. Seguí trabajando en una oficina y monté un taller de confección de ropa infantil en mi propia casa.

En 1980 me divorcié y seguí con mi vida habitual como mujer independiente y trabajadora hasta que en 1995 me paré a reflexionar. Tenía más de 50 años, mis hijas estaban independizadas y mi padre había fallecido solo unos meses antes. Necesitaba un  nuevo reto y puse tierra de por medio. El sitio me daba igual, pensé en Nueva York, Chile o Argentina. Finalmente me decidí por Argentina porque justo un amigo argentino iba a regresar y me ofreció ayuda para volver a empezar.

Viví en Argentina seis años donde me sentí plenamente realizada. Monté mi propia consultora, donde asesoraba a empresas españolas y argentinas teniendo la oportunidad de relacionarme con cónsules, presidentes o embajadores.

En una de mis visitas a España  encontré  a mi madre muy empeorada de salud y decidí volver, rechazando una oferta para ser Consejera de Turismo en la embajada española. Tuve que decir que no, volví a casa para atender a mi madre quien fallecería solo un año más tarde.

En España seguí con la consultoría comercial hasta que en 2008 caí enferma. Desde entonces, obligada a jubilarme he estado entre hospitales y médicos, perdiendo un poco el ánimo. Pero hay que continuar. En el Centro de Mayores de Santa Maria de Gracia ha encontrado un lugar donde seguir desarrollando actividades para seguir creciendo. Una vez al mes acudo con mis compañeros a las lecturas de mis propios relatos. Uno de ellos es La Tristeza, que habla de esos días bajos que ahora, gracias a toda la ayuda que ha encontrado, son menos. A todas las chicas jóvenes que empiezan ahora, les diría que el mayor descubrimiento es  que “la vida es aprender”.

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