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Exclusión social

El mejor residuo es el que no se produce

07/06/2018

Exclusión social

Por Helena Izquierdo BernadausHelena Izquierdo Bernadaus

Cada año se desaprovechan en el mundo más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial. Dentro de estos datos de la Comisión Europea, se estima que 89 millones de toneladas de comida en buen estado corresponden a la Unión Europea,  quedando España como el séptimo que más comida desperdicia con 7,7 millones de toneladas.

En nuestros hogares, el desperdicio alcanza el 42% del total, lo que significa que llegamos a desperdiciar más de medio kilo de alimentos por persona a la semana. Lamentablemente, todos estos alimentos serían perfectamente válidos para el consumo.

Este problema escala desde los hogares a las cocinas profesionales e industriales o comedores colectivos, donde las dimensiones de alimentos en buen estado que acaban desechados son mucho mayores, lo que representa un enorme coste ambiental, económico y social. Los datos lo confirman: entre el 4 y el 10% de las compras que se realizan en caterings y colectividades acaban como desperdicio alimentario.

Cada vez hay una mayor conciencia acerca de este problema y en Clece no podemos permanecer ajenos. Nuestra actividad está directamente relacionada a través de nuestra división de restauración colectiva que ofrece alrededor de 15 millones de servicios al año en comedores de universidades, colegios, escuelas infantiles, residencias, etc.

Conscientes de nuestra implicación decidimos pasar a la acción. En primer lugar, recopilamos información relevante sobre dónde y por qué se desperdician alimentos, auditando algunos centros educativos y hospitalarios en los que prestamos servicios.

Nos encontramos con cuestiones productivas, como peticiones que no coincidían con el consumo real; escasa formación del personal  sobre este problema;  comidas servidas  frías; presentaciones poco apetecibles así como restricciones operativas derivadas de la normativa legal. También cuestiones sociales como el inadecuado volumen de las raciones, la falta de sensibilización o entornos como hospitales donde los usuarios están más inapetentes.

Desde Clece pensamos que, si queríamos cambiar la situación, debíamos basar el proceso en tres pilares: educación, formación y cambio de conductas.

Entre los diversos proyectos que pusimos en marcha, optamos por centrarnos en el comportamiento de los niños. Ellos están inmersos en un entorno de aprendizaje continuo, pudiendo  interactuar  directamente con los alimentos  y  experimentando  unos hábitos alimentarios saludables y responsables.  Por ello, divulgamos y promovimos entre los más pequeños  buenas prácticas, poniendo igualmente en marcha acciones de sensibilización.

Colaboraciones

También colaboramos con otros agentes a tener en cuenta en nuestro sector, como  los  Bancos  de Alimentos. Entre otros organismos, firmamos acuerdos para realizar donaciones de alimentos con fundaciones (como Arrels en Lleida), residencias  (Residencia de Acogida Nuestra Señora del Tránsito – Hijas de la Caridad) y asociaciones (Asociación de Desarrollo Comunitario de San José Obrero,  en los comedores escolares de Salamanca).

Además Clece forma parte de la estrategia  “Más alimento, menos desperdicio”,  del Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente. Su objetivo fundamental es prevenir el desperdicio alimentario, propiciando un cambio real de actitudes y procedimientos de trabajo.

A modo de ejemplo, merece mención especial el plan puesto en marcha para las escuelas de Salamanca,  que se realizó en dos fases.

Una primera fase estuvo dedicada a la información, divulgación y concienciación dirigida tanto al personal, como a los niños y a los familiares sobre la necesidad de prevenir y reducir la cantidad de alimentos que se desperdician. Las diferentes acciones que se realizaron en las escuelas iban dirigidas a la sensibilización social, trabajando en valores de solidaridad y equidad. En ellas participaron personas de colectivos vulnerables, como monitores en exclusión social, personas con discapacidad o jóvenes desempleados. También realizamos encuentros intergeneracionales, con talleres temáticos para niños y mayores.

Otras acciones realizadas trataron sobre el  reciclado y reutilización, alimentación sostenible  y el desperdicio alimentario. En este último punto, los niños pesaban y clasificaban sus residuos del plato y valoraban su propia  evolución.  Además se involucró al personal de comedor y cocina para  evitar  servir los alimentos en los platos por defecto, sin tener en cuenta la apetencia de los niños o su edad; mejorar la decoración  del entorno; la  elaboración  de platos más apetecibles  y  coloridos y una información más fluida del menú diario.  Acciones sencillas que nos dieron y siguen dando grandes resultados ya que reducimos el impacto ambiental, sensibilizamos socialmente y, lo más importante,  formamos a nuestros futuros consumidores. Porque todos sabemos que el mejor residuo es el que no se produce.

En la segunda fase de esta colaboración con escuelas,  recogimos datos en los centros, cuantificando el volumen de desperdicio por escuela  llegando a  los 47 gramos  por alumno entre los 3 y 6 años y a 54 gramos en el rango de edad de los 7 y 12 años. Cantidades que suponían  un volumen de desperdicio en  el conjunto de  los comedores de alrededor  38,1 toneladas. Datos a partir de los que establecimos políticas de reducción.

Todas las acciones en este ámbito nos permiten además sumar en el compromiso adquirido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).  En concreto con el segundo objetivo marcado por este pacto global de Naciones Unidas: acabar con el hambre en el mundo.

Consejos prácticos

Para que todos podamos contribuir a evitar el desperdicio de alimentos, se pueden seguir los siguientes consejos en nuestros hogares:

  1. Comprar semanalmente. Utilizar una lista ordenada por prioridades, después de mirar que tienes en la nevera  (y nunca comprar con hambre). Frutas y verduras de temporada y de proximidad. Huir de las ofertas 2X1 de productos que no se utilicen habitualmente(muchas veces acaban en la basura)
  2. Aprovechar los restos de comida , el congelador es un buen aliado
  3. Servir cantidades más pequeñas, siempre se puede repetir.

Helena Izquierdo Bernadaus es Responsable de Seguridad Alimentaria de Clece 

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