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Mayores

"Pocas mujeres de mi época fueron dadas de alta en la seguridad social”

05/03/2018

Mayores

Por Clece SocialClece Social

Pilar Heras nació en Valladolid en 1933. Fue durante muchos años la única mujer en una fábrica de terrazos. Delegada sindical, defendió de forma incansable los derechos de sus compañeros. Jubilada anticipadamente por enfermedad, aún hoy sigue reclamando poder cobrar el 100% de su pensión. Ella misma nos relata su historia. 

Crecí en una familia de obreros.  Mi padre era enfermero del Hospital Militar pero le echaron `por republicano´ y comenzó a trabajar en la fábrica nacional de armas. Mi madre era ama de casa y crio a todos mis hermanos. Yo era la pequeña de siete.

A los seis años fui a la escuela hasta los 14 que era cuando nos echaban. Recuerdo haber aprendido el “Cara al sol” y el catecismo. Nada más salir de la escuela, comencé a trabajar en un taller de sastra excepto los tres meses de invierno que no nos daban trabajo. Como en casa era necesario el dinero, a los 19 años empecé a trabajar en una fábrica de terrazos por mediación de un vecino. Estuve tres meses de prueba y, a continuación, me dieron de alta en la Seguridad Social. Seríamos unos 40 trabajadores, entre ellos, tres mujeres pero mis compañeras pronto se jubilarían. Allí hacíamos fachadas de piedra y escayola. Esas escayolas yo las lijaba y mi jefe las vendía. Recuerdo que algunas figuritas que hice las pusieron en la Plaza de Poniente de Valladolid.

Única mujer en una empresa de terrazos 

Efectivamente, a los cuatro o cinco años mis compañeras se jubilaron y pasé a ser la única mujer en la empresa durante mucho tiempo. Ya no contrataban más mujeres porque eran trabajos pesados en los que debíamos cargar cajas de hasta 40 kilos.  Yo lo hacía como uno más.

A los cinco años, aproximadamente, me hicieron delegada de empresa. A menudo iba al sindicato a defender los derechos de mis compañeros. Recuerdo que una vez no quisieron contratar a tres antiguos trabajadores que habían ido a hacer la mili.  Decidí hablar con el jefe del sindicato y esa misma tarde fuimos juntos a la fábrica. Mi jefe, muy molesto, accedió a contratarles aunque a mí me amenazó con despedirme por informar de lo que estaba ocurriendo.

En otra ocasión los tres delegados de empresa fuimos invitados durante una semana a unas jornadas de formación. Como nuestro jefe no quería que acudiéramos, nos amenazó con despedirnos. No fuimos a trabajar y sí a las jornadas. Nuestro jefe se mostró muy molesto pero no tuvo represalias y además nos pagó el jornal.

 A los 49 años me tuve que jubilar por enfermedad. Padecía artrosis por lo que no podía seguir trabajando en la fábrica, por el frío y el peso. Los médicos me hicieron  informes para poder cobrar el 100% de la pensión, pero el gobierno de Felipe González, al que yo defendía, solamente me concedió el 55%. A pesar de ello, considero que, en general, me trataron bien como trabajadora por el hecho de estar afiliada al sindicato pero nunca me cansaré de luchar por cobrar el total de mi pensión.

Me considero una mujer afortunada ya que pocas mujeres de mi época, tan trabajadoras como yo, fueron dadas de alta en la seguridad social y no percibieron ninguna pensión. En cambio ahora la mayoría de las mujeres que conozco sí están dadas de alta y no ha sido necesario que hayan luchado por ello.

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